La playa era Sheridan y el agua nos llegaba a la cintura. Había tanto que contar que abríamos historias y olvidábamos cerrarlas con las prisas de bebernos 30 agostos, una de otra.
Fotografías y textos dedicados a las mujeres que forman parte del proyecto Mujeres sin hacer.

La playa era Sheridan y el agua nos llegaba a la cintura. Había tanto que contar que abríamos historias y olvidábamos cerrarlas con las prisas de bebernos 30 agostos, una de otra.

¿Te cuento algo curioso? –me preguntó Ibis al otro día de su sesión– La noche anterior a las fotos estuve casi casi arrepentida, tenía muchos nervios, faltó poco para que te llamara y cancelar nuestro encuentro.

Llega el día. Y la hora. Estas decidida y no puedes postergarlo.
Quieres hacerlo, quieres posar para tu propio proyecto. Quieres que crezca este movimiento y sabes que cuantas más seamos, más cerca estaremos de cambiar lo injusto, de reivindicar nuestro lugar en el mundo, el lugar que queremos y no el que otros escogieron por nosotras. Confías en que es posible y no quieres ser solo espectadora, sino protagonista.

Los indios australianos reciben un nombre al nacer, pero ese nombre es algo temporal, cambiará incluso varias veces a lo largo de sus vidas, a medida que su sabiduría, sus cualidades personales y su creatividad se vayan definiendo.

Elena tiene una llave maestra que te abre la puerta hacia ti mismo. La tiene en su voz, queda y grave, en sus ojos cerrados, en sus asanas. Ella es el origen de esa frase mía… “Vamos a permitirnos ser felices”. Permítete ser, suele susurrar en sus clases de yoga.

La de Yanet ha sido la sesión “sin hacer” más divertida que he hecho hasta ahora, toda energía esta muchacha.

“¿Cómo surgió “Mujeres sin hacer”? ¿Cuándo se te ocurrió iniciar el proyecto? ¿De dónde salió la idea?”
Diría que mi proyecto nació de observar el mundo atentamente y comprobar que las mujeres estamos muy descontentas con nosotras mismas.

Las siete de la mañana. Cada día, desde hace 21 años, Thais se levanta, sacude los recuerdos, dobla las penas, y se va a nadar al Hotel Biltmore.

Os presento a Jackie, una mujer silenciosa, suave y serena. A gusto con la vida.
Decidió posar para “Mujeres sin hacer” tan pronto supo del proyecto.

Ya acabó el programa, puedes pasar, me dijo el recepcionista del canal. Y avancé unos pasos hasta que apareció la sonrisa luminosa de María Laria.